nav-left cat-right
cat-right

La masonería en la Serranía de Ronda

Por una recuperación completa de la Memoria Histórica.

En el anterior número de la revista, Pablo Benítez publicaba un artículo sobre el tema de la masonería, centrándose al siglo XIX y a Benaoján. Quisiera completar su trabajo sobre la cuestión, ahora que lleva 25 años legalizada en España, porque creo que cuando hablamos en otros foros de la Recuperación de la Memoria Histórica de este país, siempre se olvida a la masonería y por consiguiente a los masones.

No cabe duda que la masonería fue, en esta España nuestra, duramente masacrada durante la guerra civil. Posteriormente el chivo expiatorio de los vencedores y culpable de cualquier mal que aconteciera en el país durante la época del franquismo. No olvidemos aquella famosa frase sobre las “conspiraciones judeo-masónicas” durante la dictadura.

Pero, ¿qué es la masonería? Pues sociedades que tienen su origen en los antiguos gremios de constructores de las grandes catedrales a raíz de la aparición del estilo gótico. Dichas sociedades gremiales guardaban los secretos de la construcción de las mismas. Evolucionando al amparo de la Enciclopedia y de los tiempos, se impregnaron de las nuevas ideas filosóficas hasta tener un cuerpo basado en la Fraternidad Universal, abriendo sus puertas a otras personas de cualquier oficio o profesión, y de esta forma, se hicieron presentes.

Aparece en el siglo XVIII en Inglaterra y Francia. Posteriormente, en la España del siglo XIX, como consecuencia del trasiego de ideas y personas que nos visitan durante la Guerra de la Independencia. Primero tímidamente, durante la época Absolutista de Fernando VII, y posteriormente en la Restauración, con bastante ímpetu.

Hay dos tipos de masonería, la llamada “regular” basada en una fraternidad donde no existen diferencias entre sus miembros, con una gran preocupación por la ayuda mutua, de creencia deísta y bastante filantrópica. Por otro lado la llamada masonería “irregular”, también llamada especulativa (siglo XIX), que se escindió de la primera al primar ideas más racionalistas, declarándose atea pero imbuida del mismo espíritu de fraternidad.

La masonería, no obstante, aspira a la Fraternidad Universal y a la tolerancia religiosa –máxime en los tiempos que corren–, así, si se es masón, se cree por encima de cualquier ideología religiosa o política, en la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. No es una asociación secreta como se cree habitualmente, es discreta –que no es lo mismo–, ya que así, las circunstancias históricas lo han obligado desde su creación.

En cualquier caso, en la llamada masonería “regular” cabe todo el mundo que cree en Dios, sea el Dios de los cristianos, musulmanes, judíos… primando la tolerancia y respeto por cualquiera de las manifestaciones de la Divinidad.

En definitiva, todos los masones creen en el Gran Arquitecto del Universo, tal como cada uno lo entienda. Por otro lado, los masones no preguntan nunca a sus hermanos por su ideología política, por consiguiente, si nos basamos en los principios universales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, cualquier persona creyente, liberal, progresista y tolerante, puede ser masón.

La masonería tiene sus símbolos como cualquier otra asociación. En este caso, el compás, la escuadra,… y otros muchos. También, su propio ritual de ceremonias o tenidas. Cualquiera de sus miembros sigue una progresión evolutiva personal en su logia, alcanzando desde su iniciación distintos niveles o grados.

Pero vayamos por partes. Para completar el artículo de Pablo Benítez sobre la “Masonería en Benaoján en el siglo XIX”, quisiera ampliar algunos datos históricos sobre la misma en nuestra Serranía y más concretamente en Montejaque y Benaoján.

Durante el siglo XIX, en Málaga y su provincia la masonería tenía cierta preponderancia e influencia en distintos estamentos, (ver la publicación de Elías de Mateos “Masonería, protestantismo, librepensadores y otras heterodoxias en la Málaga del siglo XIX”, 1986). Hermanos masones ocupaban puestos en la administración, empresas, periódicos, talleres, colegios, asociaciones, partidos políticos, imprentas, etc., pertenecían a gremios artesanos o colegios profesionales y eran maestros de escuelas, peones agrícolas, abogados, albañiles, administrativos, militares, panaderos, jueces, herreros, funcionarios, etc.

Los masones llevaban a cabo una labor filantrópica y benéfica en sus logias (al estilo de cualquier cofradía de Semana Santa) y daban publicidad de sus actos a través de periódicos liberales como Las Noticias, La Unión Mercantil, dirigido por un masón llamado José Carlos Bruna, y por el boletín ligado a la logia “Giordano Bruno”. Así las cosas, era importante el número de logias en la capital (31) y la provincia (23) en localidades como Setenil, Montejaque, Grazalema y Benaoján. Llegándose en el XIX a contabilizarse en la provincia más de 30 logias, una obediencia autónoma y un triángulo.

No estuvieron exentos los masones malagueños de algún enfrentamiento con la jerarquía católica de la provincia, que supuso cierto ánimo antimasónico, con el consiguiente anticlericalismo por respuesta, como consecuencia de una Pastoral del Obispo Pérez Martínez. Parece ser que a este hombre, como a algunos círculos católicos, le preocupaba la influencia de los masones entre la sociedad malagueña.

Los masones fueron apoyados e influenciados por hermanos de la Gibraltar Logde, logia instalada en la colonia y que ayudó, debido a su proximidad, a la expansión por el litoral y la Serranía.

Cabe destacar que en Ronda, Montejaque y Benaoján existía una importante presencia masónica. Además de la logia “Guillén y Bohórquez”, existieron otras más recientes como la logia “Amigos de la Montaña” y “Febo” que conozcamos. Algunos de los miembros estaban adscritos al movimiento anarquista o socialista que se movía en la Serranía, otros eran personas normales, sin afiliación política alguna, pero como masones, progresistas y liberales, en definitiva gentes de buena voluntad. Al estallar la guerra, a la caída de Málaga, muchos se fueron a combatir a las trincheras de otros frentes, y algunos que optaron por quedarse fueron fusilados al entrar las tropas sublevadas en las localidades de la Serranía. Hay constancia de que algunos masones de Benaoján fueron fusilados y enterrados junto a las tapias del cementerio viejo de Montejaque.

En 1939, sin concluir aún la Guerra Civil, el 13 de febrero de aquel año el bando franquista aprobó la Ley de Responsabilidades y sus efectos se extendieron con carácter retroactivo a 1934, declarándose delictiva la afiliación a cualquier logia masónica. Aquello supuso posteriormente establecer una relación o lista de sospechosos de ser masones con algo más de 80.000 personas. La realidad es que no había, en aquel entonces, más que escasos diez mil miembros de la masonería en toda España. Terminada la Guerra, el régimen franquista, en el mes de febrero de 1940, promulga la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo.

Con la llegada de la democracia se normaliza la situación de la masonería en España, constituyéndose legalmente al amparo de la legislación vigente.

Se abre un nuevo tiempo de ser y estar. Conocemos que se quiere reconstituir el movimiento masónico en nuestra Serranía y recuperar su labor filantrópica, estando presentes e inmersos, una vez más, entre nuestras gentes, colaborar en el desarrollo de ideas y proyectos que redunden en beneficio de la colectividad de seres que la pueblan, no en balde en Líbar se tocan las estrellas con la mano y después de las estrellas, tal vez… el Infinito.

banner ad


Deja un comentario