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Un enamorado de Pujerra

Es un privilegio y una suerte el haber nacido en un sitio como éste, donde el aire es puro y la flora y fauna adornan aún más tan precioso pueblo y tan maravillosos lugares.

Ese amanecer donde te levantas y ya comienzas a oler sus inmensas variedades de flores, que te alegran el olfato. A partir de ese momento, todo el aire cargado de oxígeno… es como si comenzaras a masticar un chicle ecológico todo el día; esos atardeceres que parecen de postales; esas noches de estrellas inmensas, donde más de un astrónomo daría lo que fuera por captar tan nítidas y, a la vez, bellas imágenes. Todas las noches están acompañadas de cantos y rugir de aves y seres vivos que transitan en la noche, como el búho real, el cárabo…, etc. Todo ello hace que hasta las noches tengan su encanto. La flora salvaje y sus múltiples y bellas variedades con sus dotes curativas, son medicina natural y verdaderas farmacias ecológicas. La cantidad y variedad de su arboleda donde, por mayoría, destaca el castaño hacen que sea un verdadero pulmón natural lleno de aire puro.

Los que vivimos aquí disfrutamos de un precioso lugar donde todo es salud y bienestar. Y también, cómo no, sin olvidarnos de sus fiestas: San Antonio, patrón de Pujerra, con su romería incluida, los tostones de castañas por los Santos y su tradicional Semana Santa, sus costumbres, su cultura, su arte con el esparto… todo eso es cultura junto a la belleza de estos pueblos blancos y limpios que hacen del Valle del Genal todo un paraíso.

Debemos conservar toda esta belleza, como se dice por aquí, como oro en paño, ya que en su mayoría es un tesoro que nos dejaron nuestros antepasados. Nosotros, a la vez, dejaremos el tesoro a los que nos suceden; de no ser así, todo iría al “traste”. No debemos permitir bajo ningún concepto que nuestros hermosos lugares se conviertan en desierto, ya que son muchas las riquezas que nos brindan estos parajes con sus montañas y sus vistas panorámicas: desde el puerto los Horcajos, con sus setecientos y pico metros sobre el nivel del mar, donde divisamos los montes de Marruecos, todo el Valle del Genal y el mar; a su vez, desde allí se contempla cómo sus aves migratorias surcan el cielo camino de África, las águilas –por citar alguna especie–, sus arroyos de aguas cristalinas, donde no hay contaminación ni basuras; afortunadamente, no ha llegado la mano del hombre todavía… hasta la Fuente de los Baños, una joya de la naturaleza, donde sale de la fisura de una gran piedra un precioso líquido llamado agua, de sabor un poco desagradable, pero a su vez medicinal. Cuentan los más viejos del lugar, que antiguamente hubo un balneario de aguas curativas, llamado Baños de la Corcha.

Un enamorado de todo.

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