Juan Luis Muñoz Roldán
Coordinador del grupo local SEO-Serranía de Ronda
El turismo ornitológico es aquél que practican los aficionados a la observación de aves silvestres. Este entretenimiento consiste básicamente en observar, usando prismáticos y telescopios, los pájaros, identificarlos con la ayuda de guías de campo, y gozar sus colores, sus cantos y sus espectaculares migraciones. Recientemente se ha añadido un complemento, el “digiscoping”, técnica fotográfica consistente en acoplar una cámara digital al telescopio. Como se comprende, es una afición sana y de ninguna manera dañina para las aves pues no se enjaulan, ni se abaten, ni se les roba la piel, las plumas o los huevos. Somos muchos aficionados en el mundo, y cada vez más, y algunos son muy vehementes, buscan con ímpetu anotar en su “life list” nuevas especies.
De entre los cientos de miles de turistas que cada año visitan Ronda, bastantes, muchos, son “birdwatchers”, observadores de aves que combinan su visita a una ciudad monumental con alguna jornada de campo. Se les puede ver asomados al Tajo, catalejos en ristre, siguiendo el vuelo pausado de los cernícalos primilla, los quiebros de los fugaces bandos de Vencejos reales o el majestuoso remonte de un Buitre leonado. Vienen “pajareros” de muchas nacionalidades, incluida la nuestra, pero sobre todo británicos. Buscan, lógicamente, especies que no hay en sus lugares de origen y sí aquí, especies mediterráneas de montaña.
La Secretaría General de Turismo y la Sociedad Española de Ornitología están comprometidas en el fomento de este turismo, como alternativa al tradicional desarrollo turístico de nuestro país. España es de lo mejor de toda Europa en cuanto a avifauna, y la Serranía de Ronda, un área privilegiada; por eso vienen. Ya en los siglos XIX y XX, los viajeros románticos, que recorrían el antiguo reino de Granada, repararon en la riqueza ornítica de Ronda, y anotaron sus observaciones.
Recientemente ha sido traducida Mi vida entre las aves silvestres de España, de Willoughby Verner, que data de 1905, época en la que este militar británico recorría el valle del Guadiaro pagando a los niños para que le recogieran pájaros y nidos.
La Serranía de Ronda es una comarca mejor conservada que la mayoría. En ella se disfruta la armonía de un medio rural vivo con una naturaleza salvaje y agreste. Es un área montañosa, de clima mesomediterráneo húmedo, cubierta por vastos bosques e intrincados pastizales entre riscos y tajos. De tradicional vocación forestal y ganadera, los aprovechamientos han sido y son respetuosos con el medio, de manera que la flora y la fauna mantienen un aceptable estado de conservación. Por ello, tres espacios están “protegidos” como Parque Natural: Sierra de las Nieves, Grazalema y Los Alcornocales, dos como Paraje Natural: Sierra Crestellina y Sierra Bermeja, y uno podría serlo: el Valle del Genal. Una comarca paradisíaca, pues, para los amantes del paisaje, la naturaleza y las aves.
En la Serranía de Ronda encontramos cuatro tipos generales de ambientes: bosques, riberas, “riscos” y cultivos. En cada uno de ellos vamos a encontrar diferentes especies de aves, y todos tienen su interés. Los bosques pueden ser de coníferas y de frondosas; los primeros, a su vez, de pinos y de pinsapos, y los segundos, de encinas, quejigos, alcornoques, acebuches y algarrobos; para aprovechamiento ganadero muchas fincas han sido aclaradas en dehesas y pastizales. Las riberas o sotos fluviales acompañan los cauces, sobre todo del Guadiaro y del Genal. Los riscos o ambientes rupícolas, calizos o pardos, son comunes en las sierras, mientras que los cultivos más extensos son el olivar, el castañar y los herbáceos.
Según la época del año, también podremos ver unas especies u otras, y esto lo tienen muy en cuenta los observadores a la hora de organizar sus viajes, y nosotros lo tendremos en cuenta para hacer un recorrido por las aves más representativas de Ronda. En este sentido distinguimos tres épocas recomendadas: la invernada, el periodo reproductor y las migraciones. La invernada, del 15 de octubre al 15 de marzo aproximadamente, acoge gran cantidad de pájaros europeos que se alimentan de frutos como caquis, madroños, majuletas, aligustres, aceitunas y otros. En un paseo por la Sierra de las Nieves podemos disfrutar nuestras seis especies del género Turdus, de las que destaco el Zorzal real, aquerenciado a sabinares y quejigales de altura, el Zorzal alirrojo, precioso pájaro de ceja blanca y axilas rojas, y el Mirlo capiblanco, común en los espinares cuando los inviernos son crudos en el norte. En los puertos de montaña, caminando sobre nieve, piedra o pasto, podemos encontrar al Acentor alpino, curioso pájaro que cría en Andalucía sólo en Sierra Nevada; como es manso apreciaremos de cerca su plumaje pizarroso y moteado. El lúgano, pájaro gregario de presencia variable vuela de aquí para allá en bandillos, y cuando se posa devora frutos y yemas en acrobáticas posturas. Por último, con suerte podemos ver el pinzón real, fringílido de la taiga que viene a pasar el invierno entre nosotros, huyendo del frío norteño.
En cuanto al periodo reproductor, aquí citaremos especies sedentarias y estivales de interés, las de mayor interés para el turista pajarero y desde el punto de vista conservacionista, por su escasez o grado de amenaza. La población de rapaces es quizás lo que más llama la atención. El águila-azor perdicera, nombrada por la SEO ave del año 2005, resulta todavía común en nuestras sierras; con suerte puede uno ver alguna pareja volando frente al cancho, o algún joven escudriñando laderas y lomas. La Culebrera europea también goza de una buena población serrana y en verano es común verla mientras se cierne sobre una solana en busca de reptiles. El aguililla calzada aprovecha cualquier bosquete o soto para hacer su nido. Las dehesas de la meseta de Ronda son área de dispersión del águila imperial ibérica, donde se ven en los últimos años adultos y jóvenes de forma esporádica. El alimoche común es una carroñera que ha sufrido un grave declive de su población serrana en las últimas décadas por culpa, sobre todo, de los cebos envenenados. Y el buitre leonado es muy común y familiar; ejerce una magnífica labor de limpieza de cadáveres en las ganaderías extensivas.
Al anochecer, podemos escuchar y quizás ver al chotacabras cuellirrojo y al búho real, cuyo mágico bufido resuena en los torcales. Entre los pajarillos, los “twichers” que recorran montes y sierras podrán anotar bastantes nuevas especies, como son las cogujadas montesina y común, la golondrina dáurica, alcaudón común, zarceros pálido y común, currucas rabilarga, carrasqueña, tomillera, cabecinegra y mirlona, mosquiteros ibérico y papialbo, collalbas rubia y negra y roquero rojo. Todos ellos, pequeños, activos y difíciles de detectar a veces, hacen las delicias de los que pacientemente los miran y los escuchan.
Las migraciones pre y postnupcial, es decir, de primavera y de otoño, sobre todo en los meses de abril y de septiembre, son una estupenda ocasión para poder ver especies que sedimentan aquí durante su viaje o que nos sobrevuelan. Es el caso de la cigüeña negra y de numerosas rapaces como los Aguiluchos, Abejero europeo o Milano negro.
Por último, mención aparte merece el famoso Tajo de Ronda, enorme acantilado de arenisca sobre el que descansa la “ciudad soñada”. Es un lugar que ocupan muchas aves y resultan fáciles de ver por la existencia de balcones y miradores como el Puente. Crían en el Tajo cernícalo primilla, pequeña rapaz colonial, halcón peregrino, que se alimenta de las palomas urbanas, vencejos real y pálido, avión roquero, estornino negro, roquero solitario, cuervo, chova piquirroja, gorrión chillón y escribano montesino. Pocas ciudades en el mundo pueden presumir, como Ronda, de contar con tantos atractivos, monumentales, históricos y naturales. Los que aquí vivimos nos sentimos afortunados, y los visitantes saben que desde la misma ciudad, junto a palacios y casonas, pueden gozar las aves volando sobre un paisaje inigualable.