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La estrella más cercana a la Tierra

Helios (el Sol), hermano de Selene (la Luna) y de Eos (la Aurora), era un joven arrogante y robusto con una larga cabellera de rizos de oro. Cada mañana, despertado por el gallo que estaba consagrado a él, Eos, la diosa del amanecer, le abría las puertas de su palacio y una difusa luz rosada aparecía por Oriente, mientras las estrellas huían del cielo… Helios uncía a su carroza de fuego los cuatro corceles y comenzaba a recorrer la bóveda celeste hacia su palacio de oro en el poniente… (Mitología griega).

Mientras contemplaba a nuestra estrella ocultándose tras las siluetas de la serranía en un bello atardecer, recordé una merienda en casa de un buen hombre dedicado a las labores del campo en el Llano de la Cruz, y mientras él y su esposa comentaban algunas de sus vivencias y anécdotas, me describió un instrumento que algunas veces utilizaba en sus quehaceres y que consistía en observar la sombra que producía un palito de madera. De forma sencilla y llana estaba describiéndome el más antiguo de los instrumentos astronómicos llamado gnomon. Por medio de él se puede determinar la altura del Sol, la hora, la estación del año, la latitud del lugar, las direcciones Norte-Sur, etc. Y todo esto con un simple palito y nuestra estrella más cercana: el Sol. Un astro corriente que nos proporciona la luz y el calor imprescindibles para la vida en la Tierra, formado hace unos 4.600 millones de años y venerado por la mayoría de las antiguas culturas como el dios supremo del cielo: en Babilonia era Shamash, dios de la justicia y sabiduría; para los egipcios era Khephri (sol de la mañana), Ra, (sol del mediodía) y Atum (sol del atardecer); los iberos le llamaron Lug, el que hace aparecer cada día la luz; los griegos adoptaron los conocimientos astronómicos de los caldeos y le llamaron Helios, el Fuego Sagrado; los romanos lo identificaron con Mithras, guerrero solar de origen asirio, y que rebautizaron como Sol Invictus y en China representaba la esencia del principio masculino.

El Sol es una enorme esfera gaseosa formada esencialmente por hidrógeno y helio, con un diámetro de 1.390.000 km y dista de nosotros unos 150 millones de km, por lo que su luz tarda en llegar a nuestro planeta 8 minutos. A escala más comprensible el Sol sería una pelota de playa y nuestro planeta un guisante, y si utilizamos una imaginaria balanza cósmica para pesar mundos, colocaríamos el Sol en un platillo y en el otro precisaríamos 330.000 Tierras para establecer el equilibrio. Su gravedad es 28 veces superior a la terrestre, es decir, y a modo de ejemplo, una persona de 70 kilos pesaría casi ¡2.000 kilos!

La capa visible del Sol se llama fotosfera o “esfera de luz” tiene unos 300 km de espesor, por encima se extiende una capa transparente llamada cromosfera o “esfera de color” y la capa más externa de la atmósfera solar es la corona solar, que es extremadamente caliente y observable desde la Tierra durante los eclipses totales de sol.

La fotosfera presenta un aspecto granuloso y en ella surgen las manifestaciones más características del Sol, unas regiones oscuras llamadas manchas solares que fueron observadas por los astrónomos chinos en el siglo VIII a.C. y posteriormente por Galileo en 1610. Son enormes tormentas magnéticas que están sujetas a un ciclo de alta actividad cada 11 años, que influye sobre los acontecimientos terrestres, las cosechas, las comunicaciones, el clima… y es curioso el efecto en los anillos de crecimiento de los árboles o en el nivel del Lago Victoria (África) que varían cada 11 años, es decir, un ciclo solar.

El interior del Sol, con temperaturas que superan los 15 millones de grados, es un reactor nuclear en el que, actualmente y por procesos de fusión, convierte unos 630 millones de toneladas de hidrógeno en helio cada segundo, de las que 4 millones y medio de toneladas se transforman en energía. Afortunadamente y a pesar de estas cifras tan “escandalosas” a nuestra estrella aún le queda combustible para unos 5.000 millones de años… después, comenzará a hacerse más y más grande, hasta convertirse en una gigante roja y finalmente, se hundirá por su propio peso y se convertirá en una enana blanca.

Nuestra estrella más cercana nos abre la ventana a una serie de próximos artículos dedicados a la gran familia cósmica de la Tierra… los planetas del Sistema Solar.

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